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6.4.23

Respuesta

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Quisiera que fuera diferente pero, si quiero evitar la compasión, la vida me exige cierta crueldad. Por eso, a pesar que repito todos los te amo, al final tal cual sentenció Bonnett, “los hechos, como siempre, acorralan las palabras”. No alcanzan. Por eso, discúlpame. Este cuerpo no sabe ser afectuoso, le incomoda el roce, las palabras dulces, provocar pena y la atención. Estoy de acuerdo, habría que dejarlo en la basura. Pero comparto con él lo insoportable que resulta que todo cambie por una inmunidad incomprensible que otorga el sufrimiento. Como si el mundo no le doliera a nadie más. Me canso sí, pero te amo y -lo siento- no quiero tener la responsabilidad de darle la razón a todo. Soy incompetente para decírtelo con claridad, pero ya lo dijo -hace tanto- Pizarnik: “A veces también se me acaban las sonrisas para ti, a veces también se me acaban las ganas de escribirte. Pero te quiero, ojalá lo entiendas, siempre te quiero, pero a veces mis abrazos no tienen calor y mi boca no sabe que decir… Pero te quiero, siempre te quiero, cuando no te convengo, cuando no me soportas, cuando te odio, te quiero.” Siempre te amo.







3.8.15

Adivíname

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A veces no sobrevivimos. Estoy en una oficina todo el día. Acá el clima es incomprensible: acá, quizá sea yo, no se comprende nada. Escucho a todos, siempre hay argumentos a favor y contra; creativos y aburridos. Tengo la alucinación de haberlo escuchado todo, estoy harto, desolado. No termino ningún libro que comienzo, busco un argumento que me libere. No lo encuentro. Que desperdicio esto de aniquilarse lento. ¡Basta! Por mi piel se restriega un recuerdo, lo desprendo, lo miro fijamente a los ojos, me permito la ira, el descontrol y lo envuelvo como un pequeño rollo y lo dejo en una vereda por la cual nadie marcha. No importa cuánto nos aferremos, al final no sobrevivimos. 

Adivíname / Jacko

23.6.15

Magia: el precio de la buena suerte

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¿Y qué si me he desmoronado por partes? Unos gritan, otros lloran en silencio o se muerden la boca mientras tratan de respirar por su nariz congestionada, hay aquellos -que incluso- acuden a la flagelación minúscula, pequeños golpes, pellizcos o cortaduras, para tratarse de demostrar que siguen en esta realidad,  pero ninguno – y de aquello guardo una certeza absoluta- se enfrenta a esta situación en completa cordura.

A Verano y Krimea no se les enseñó la palabra confianza. La mañana anterior, Krimea había insistido, con una tenacidad increíble para una niña de 7 años, en la necesidad de una cerca alrededor de la casa. Nunca imaginé que unas horas más tarde me arrepentiría de no tomar en cuenta su sugerencia. Sé que nada hubiese cambiado, pero le hubiera otorgado tranquilidad por unas cuantas horas. Verano no tuvo tiempo para entender el miedo. Me aterroriza pensar que con dos años menos que su hermana, Verano entró en conciencia del mundo con los gritos desgarradores de esa noche.
Mis dos nietas son zeru-zeru, nacieron con su cuerpo muerto. Y aquí todos (políticos, policías, militares, religiosos, familiares, pobres, ricos, buenos y malos) saben que sus cuerpos son un poderoso talismán para la suerte e incluso para evitar la muerte.

Verano nunca pudo hablar luego de aquella noche, no se debe a un motivo físico. Simplemente no tiene nada que decirle al mundo. La veo allí, toda la mañana, en el umbral de la casa. Tiene sus ojos tristes y llenos de miedo. Yo también tengo miedo.  Bajo mi cama se encuentra lo que quedó del cuerpo de Krimea. Sé que si la entierro en otra parte, incluso si lo hago en mi patio, regresarán por sus huesos. 

Estoy aprendiendo a lidiar con el recuerdo. Eran cerca de 11 personas y entre todas ellas reconocí a mi hijo, tío de Krimea, y a dos vecinos. No pude ver lo que pasaba en la cama de las niñas, únicamente los vi entrar con machetes maltrechos y afilados. En los cuentos que hemos escuchado, se dice que las extremidades arrancadas del cuerpo de los zeru-zeru guardan su magia únicamente si el “negocio” -como también llaman a los zeru-zeru- permanece con vida. Por eso, luego de amputarlas lanzaron diésel al cuerpo de las niñas para cicatrizar sus heridas y así evitar su muerte. Verano vive sin sus dos piernas y con un solo brazo, pero la magia de Krimea se agotó esa misma noche.


Una extremidad de albino puede llegar a costar hasta USD 10.000, en un país que se muere de hambre y en el que los políticos utilizan pociones fabricadas con huesos, pelo y piel de albino para asegurarse la victoria. 

18.4.14

Envejecer en un minuto

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¡Carajo! Qué no ven que el escritor no se ha vuelto cobarde. Que aún yace de pie recubierto de letras nada sanas. Que sus perversiones se mantienen intactas y que sus propios engaños aún rondan su voz. Cómo pueden hacer, ustedes repetidoras selectivas e insaciables que despojan de cualquier profundidad las letras que tocan,  para dedicarle un poco más de tiempo a la celebración de lo inaceptable. Qué necesitan para aceptar la traición.  Sí, se ha ido. Bajo su larga sombra no está sólo una tumba en la que no quedará piel. Allí, también, sobrará la excitación, los remordimientos, las mentiras y seguro esa maldita sonrisa. Esa maldita sonrisa que nunca se le fue.

Ese mismo día, ya me había visto sorprendido por una urgencia cautivante de la vida para demostrarme que envejecemos. Pero no le bastó. Había preparado, la muy desgraciada, una sorpresa más. Cuando llegó, yo estaba en un matadero de esos cualquiera, donde la gente asiste para compensar el poco sexo con comida. Allí lo escuché. Cómo si se constiparan, se retraerán hacia dentro, como si les importara, retiraban las sobras del borde de su boca, anunciaban que “el man se murió”. 

Nunca antes me había sentido desmoronado de pie, al menos de ese modo. Tome una charola plástica y me senté allí en medio de todos. Recordé cuando le decliné mi fe a sus historias y cómo ya no le creía los cuentos mágicos. Pero, ese momento –por unos segundos-  me arrepentí. Hubiese querido volver, regresar al primer libro que leí, que era suyo (seguramente el más mágico de todos) y volver a imaginar los días que vendrían.  Pero esa no era una opción. Continué mi conversación sin expresar el más mínimo dolor y luego de unos minutos abandoné el sitio.  Pero cuando salí, el mundo era otro.

El monologo interior de muchos había abandonado su jaula y ahora invadía falsamente todos los lados. Todos sufrían, todos extrañarían sus letras (que irónicamente no llegaron a apagarse), lo recordarían como periodista, escritor, novelista fantástico, cuentista mentiroso y más.  Y entonces me senté a esperar, a ver, cómo el realismo mágico le pagaría  a su padre creador.  La respuesta no llegó o no ha llegado aún.  Entonces noté que lo más sano luego de lo acontecido era sentirle mi profunda pena a la única persona que sabía que lo lleva con ella siempre.  “solo nos queda Vallejo” , escribí.  No se me hubiera ocurrido una forma distinta de decírselo. 


A su salud. En nombre del hombre que no verán. Hoy recordamos que el escritor no se ha vuelto cobarde, sigue allí en la trinchera.

Foto: Getty Images