El vaso amaneció tibio.
Lo dejé anoche en la mesa, vacío. Ahora conserva un calor que no es mío.
Hay algo aquí que respira cuando no estoy mirando. No es un ruido. Es una forma de quedarse. A veces coincide con mi ritmo; a veces se adelanta apenas, como si probara el aire antes que yo. La casa aprende rápido.
He pensado que lo que quiere de mí es tu nombre. No para saber que existes —eso lo sabe—, sino para oír cómo se gasta en mi boca. Lo imagino estrujándose en sus paredes, repitiéndose muy bajo, limándose hasta volverse otra cosa. Después queda el gesto.
Mido mis actos. Hay errores que no se cometen. La casa no se apura. Tiene una paciencia que no es del tiempo. Condenada a quedarse.
El sol irrumpe. No ilumina: expone. Bajo esa luz, el vaso no está. En su lugar, una marca circular, húmeda. La ciudad insiste del otro lado, pero el ruido llega tarde, como si atravesara agua. A veces no es la calle la que suena.
Tu pluma raya sola cuando la dejo. No hay palabras. Son formas sin sentido. A veces, rozan tu nombre. Quiere que lo diga.
La marca del vaso se ha movido. También hay un olor nuevo. No viene de ningún sitio. Metal tibio. Fruta abierta. Algo que no termina de descomponerse. A veces respiro y no soy el único.
Intento salir. No encuentro la puerta. No lo diré. La casa escucha. Hay un placer en impedirle su gozo.
Silencio. Lo guardo. Me guardo incluso la forma de decirlo: las sílabas, la pausa, ese leve temblor antes de la última letra. Si la casa quiere oírlo, tendrá que inventarlo.
Ensayo el olvido. Empiezo por borrar una letra. Después otra. Repito en silencio hasta que la secuencia pierde su orden. No es fácil: el nombre insiste, vuelve con otra voz, con una calma que no le conocía. Le falta un gesto.
Resisto.
Afuera ladran los perros. O eso creo. La marca del vaso aparece otra vez. Más cerca. No recuerdo haberla limpiado.
Pongo la mano encima.
Está tibia.
Respiro.
Algo respira conmigo.
la lengua de la casa
no dice palabras
me traga.
22.4.26
Juego
Publicado por LasVocesIncompletas en 18:27 0 comentarios13.7.25
La libertad de perder
Publicado por LasVocesIncompletas en 12:47 0 comentariosMe escribe:
“¿Por qué no perder?”
Mire, amigo: si ganar siempre fuera sinónimo de felicidad, entonces los más felices del mundo serían los banqueros, los poderosos, los políticos que se auto convencen día a día. Y sin embargo, allí está: un cansancio invisible. Una angustia que tratan de esconder con aplausos y sonrisas.
Cima de la cumbre,
descubro que no era ahí
donde estaba yo.
Nos han hecho creer que perder es fracasar. Que todo aquel que no se lleva el premio, la vida perfecta, los aplausos, está condenado. Nos vuelven temerosos de la crítica, del juicio de los que no se animan a empezar. Pero resulta que los márgenes son los únicos espacios donde podemos detenernos a pensar. Donde no se exige correr, competir ni sonreír. Perder, cuando uno no se resiste, se vuelve un refugio inesperado: lo aleja del ruido, del juicio ajeno, y le permite reconstruirse sin obligación de rendir cuentas.
¿No ha notado que cuando uno pierde algo también gana distancia? Y con la distancia, aparece el pensamiento distinto. La mirada nueva. La oportunidad de no seguir el mismo camino sólo porque todos lo siguen.
Bajo la derrota,
un sendero que no vi
me llama en silencio.
Me dirá usted: “¿Y si duele?”
Por supuesto que duele. Toda liberación duele. Hasta las alas cuando brotan deben romper la piel. Perder es: una herida necesaria.
El peso cedió.
Mi sombra se va sola.
Quedo más liviano.
¿Sabe cuándo uno se vuelve verdaderamente libre? Cuando deja de ganar porque se debe ganar. Cuando ya no quiere vivir en función de la validación ajena. Cuando se permite perder aquello que no le representa, que no le emociona, que no le pertenece. Ahí comienza la libertad: en dejar ir, en aceptar la pérdida no como tragedia, sino como tránsito.
Lo que se cayó
no era parte de mi ser.
Solo envoltorio.
Ganar está sobrevalorado. Lo importante es no traicionarse mientras se pierde.
Por eso amigo: “¿Por qué no perder?”.
En lo que perdí
descubrí que lo que soy
no se pierde nunca.
11.4.19
Valió la pena
Publicado por LasVocesIncompletas en 13:39 0 comentariosTambién tengo tardes en las que me da rabia la alegría. Momentos en los que soy consciente del dolor provocado por no ser consumido por el odio. Después de todo, la sonrisa de los miserables es tan real que hiere. Y mientras ellos celebran, yo solo quisiera estar seguro de una cosa: que la alegría valió la pena.
24.4.17
[Historia 1] Perdición: Somos legión
Publicado por LasVocesIncompletas en 9:55 0 comentariosVamos a suponer que borraste esa foto. Suponer, aunque siga allí escondida entre tantas otras, oculta. Quizá, entonces, todo sería diferente. No tendrías que escapar, día tras día, de ella, no sentirías que te mueres, no tendrías que soportar esos lapsos de llanto incontrolables, dormirías tranquila y tu sonrisa se volvería descuidada, libre. Si no existiera esa foto, si en realidad la hubieras borrado, no te importaría ese momento. Entonces, no correrías el riesgo de ser arrollada cada vez que cruzas una calle y no me hubieras sorprendido esa tarde cuando escribiste: “Me he vuelto la peor versión de mi y no me arrepiento. Él se casará con una plana, una simple, una básica”.
En la mañana, la tristeza es la huella de una historia rota. Fuera la ciudad parece inalterable. Estructuras cimentadas que se desgastan con las corrientes mínimas provocadas por la respiración de sus millones de habitantes. Proyecciones erigidas y despiadadas del pasado. Las ciudades prometen recuerdos. Es nuestra culpa que se conviertan en hoces punzantes, en memoria. Los amores prometen historias infinitas. Es nuestra culpa que se conviertan en una pequeña muerte. Después de todo, como decía Galeano, “pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace”. Es nuestra culpa y por eso duele.
Noche. Tu reflejo en un ventanal. Llevas puesta su camisa y él no aparece en la foto. Así, lo permitiste. Después, todo se detiene. Ausencias atípicas, desconexiones bruscas, dejamos de hablar, nos detenemos, los detestamos, no caemos al suelo pero perdemos el equilibrio para siempre. Qué es el amor sino el equilibrio entre dos opuestos. Querías que se quedara contigo, aún lo quieres. Mal hacemos en nacer cuando ya estamos muriendo. Y ahora, te provocas miedo. Ahora, que prefieres inundarte de cosas por hacer para no pensar en él, para no tomar fuerzas y escribirle: “Tu ilusión inerte de una vida feliz no te dará más que una satisfacción momentánea, no te será suficiente nunca porque también tienes en la mirada la perdición... somos legión”.
Detesto la distancia. No poder sentarnos una tarde cualquiera y permitirnos ser monstruos. Pasarnos las palabras que se nos quedaron enganchadas en la soledad y burlarnos de ellas. Quizá, acompañarte a borrar esa foto. Pero antes, escribir tras de ella la sentencia de Pavese: “los solteros se toman el matrimonio más en serio que los casados”.
20.8.16
La sonrisa más linda
Publicado por LasVocesIncompletas en 21:49 0 comentarios"Un día voy a morir, mis viejos van a morir, mi hermano se va a morir, y nunca, pero nunca más vamos a volver a estar vivos", Fabián CasasLa silla, en la que ella extiende sus piernas para llegar al sol, fue su refugio, pero ya no. Ahora prefiere recostarse a la leve sombra que le otorgan las flores de un pequeño jardín. Prefiere que su refugio sea público, expuesto. Cuando se recuesta allí, sin comodidad, dice que la invade una sensación embriagadora de caer, de la derrota. Suena el teléfono. Al otro lado, su madre. Ella no sonríe, habla con prisa. Respuestas cortas. Se despide, sonríe y continuamos. "Es que a ella la quiero mucho, pero me llama en cada instante. Siempre el peor. El otro día me sorprendió en una salida, no la quería contestar pero se enoja mucho. Sabes, siempre paso bochornos para que me diga lo mismo: cuídate, come, arrópate y descansa". Mira el celular, un iPhone, la imagen en la pantalla es una foto de ella y su mamá. Sabe que un día su mamá se va a morir y que, entonces, se va a querer morir con ella. Pero por ahora eso no la molesta.
Jenny (nombre ficticio) es lo más parecido a la brisa del amanecer en un lugar cálido. "Soy ligera", en efecto su paso invade de un aire fresco el lugar. "Eso me lo dejó la danza", asegura. Caminamos, faltan pocos minutos para las 21H30, estamos en el centro de la ciudad. A cada paso, demuestra -una y otra vez- como la vergüenza no la embriaga. Siempre sonríe. Sonríe incluso luego de tropezar en la vereda, mientras simula pasos de baile, en su esfuerzo por explicarme que: "a la vida no hay que temerla, ni tomarla en serio". Esa oración la repetiría al menos 15 veces durante la noche. Ahora es profesora. Dicta clase en dos colegios. Me cuenta sobre las declaraciones de amor, una más increíble que otra, de sus estudiantes. Jenny tiene 24 años. Sus alumnos son apenas adolescentes. Ella se ríe. No los toma en serio. "Allá me esfuerzo por ser la profe mala, la brava, la loca". Y esta loca. Lleva esa locura linda.
¿Cómo soportas un golpe así? Así se recibe un golpe -de frente-, el silencio de su madre a un lado de la cocina y ella parada, firme, sin tiempo para levantar sus brazos. La rabia: un golpe. Los gritos de él, los ojos fríos que la observan, el llanto de su hermana menor, un plato en el suelo. El dolor en la mandíbula: un golpe. Jenny, en el suelo, abre los ojos, sus manos en su cara, su mandíbula apretada, escucha crujir sus dientes, la huella en su piel del impacto del golpe, lágrimas, ira. Su madre: un golpe. Escuchará, una y otra vez, la voz de su madre que le reclama por enfrentarse a su padrastro y sentirá que se le rompe el corazón. Un día, esta noche, llegará hasta un balcón de una casa vieja, en la que acordamos esta entrevista, y dirá, por primera vez, que ya no quiere a su madre. Que esta sola. Que no sabe cómo soportar este golpe.
Todavía vive en esa casa. Sonríe.
-Y esa sonrisa?
-Quizás una estrategia. Como si no necesitara entristecerme.
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| Jacko / Centro de la ciudad |
20.5.16
Descripción
Publicado por LasVocesIncompletas en 13:58 0 comentarios7.4.16
27.1.16
Sonrisas bonitas
Publicado por LasVocesIncompletas en 23:01 0 comentarios17.12.15
Me atrevo
Publicado por LasVocesIncompletas en 16:47 0 comentarios| Jacko / Me atrevo |
9.11.15
Mentís
Publicado por LasVocesIncompletas en 13:22 0 comentarios![]() |
| Jacko / Música |
21.10.15
¡Es cosa hecha!
Publicado por LasVocesIncompletas en 22:46 0 comentarios| Jacko | Cruzar |
21.9.15
No lo haga
Publicado por LasVocesIncompletas en 16:59 1 comentarios![]() |
| Jacko |
3.8.15
Adivíname
Publicado por LasVocesIncompletas en 10:49 0 comentarios![]() |
| Adivíname / Jacko |
3.7.15
Despertar
Publicado por LasVocesIncompletas en 12:53 0 comentarios23.1.15
Grandes textos: Amor ciego
Publicado por LasVocesIncompletas en 11:17 0 comentarios25.2.13
Una historia de terror
Publicado por LasVocesIncompletas en 11:16 0 comentariosHablo y no entiendo nada de lo que digo. Las palabras salen como insectos borrachos: elogios torcidos, bromas que no recuerdo haber pensado, perros que se muerden la cola. Tú me miras con esa media sonrisa que parece aburrida pero no lo está. El mundo, en cambio, traduce por mí. Donde digo “clima extraño”, el aire susurra te deseo. Donde digo “neblina”, las paredes devuelven te extraño. Incluso el reloj conspira contra mi afasia y anuncia “me quedo” cuando yo dije, claramente, “me tengo que ir”.
Me respondes con frases normales, peligrosamente normales, y eso es lo inquietante. Cada sílaba tuya cae en su sitio exacto, como si dominaras este idioma secreto que me vuelve incomprensible para mí mismo. Las lámparas se inclinan para escucharte. Mi sombra se adelanta y se posa sobre la tuya, descarada, me traiciona. Yo digo que no podemos ser, y el mundo se ríe: los borrachos brindan solos, el suelo late, algo en tus ojos me busca.
Intento ser gracioso. El mundo me hace sonar valiente. Intento ser irónico. El mundo me vuelve cuerdo. Digo que estoy bien solo y una grieta se abre en la frase. Tú ríes, y por un segundo creo que la risa va a morderme, a recorrerme el pecho, a darme una excusa para tocarte; pero yo digo cariño, como quien se quema la lengua a propósito.
Te levantas, demasiado cerca. Por un segundo creo que vas a tocarme. No lo haces. No hace falta. Ya entendiste todo. Sales, y el silencio me concede una tregua breve, incómoda. Entonces comprendo el horror —el más divertido de todos—: no es que el mundo me entienda… es que se divierte traduciéndome para ti.
Solo me queda una salida: engañar al mundo. Asiento con la cabeza, uso frases cortas, silencios estratégicos. Digo cosas neutras, de manual, esperando volverme invisible. Pero el mundo está atento; no piensa perderse la oportunidad de torturarme con precisión.
Pruebo otra táctica: exagero. Me vuelvo absurdo. Lanzo chistes malos, de esos que deberían arruinar cualquier clima. El mundo los corrige. Donde hago humor torpe, él agrega insinuación. Donde me escondo, él prende la luz. Acerca mi voz a tu oído aunque estés lejos. Quiero decir “no podemos ser”, pero el todo obstinado lo subtitula: dejaría el recuerdo del resto de mis palabras grabado en tu espalda.
Entonces hago trampa. Descarado, digo: “Quiero seducirte”. Plano. Sin poesía. Error. El mundo se relame. Me convierte en misterio, en amenaza suave, en posibilidad prohibida. Tú sonríes como si acabaras de leer una línea que yo no recuerdo haber dicho.
Ahora no sé cómo cerrar este texto. El mundo me quita el punto final y lo guarda. Me deja hablando. Me deja deseando. Me convierte en uno de esos tipos comunes que digo despreciar. Tú te vas, pero ese todo malvado se queda conmigo, satisfecho.
3.7.12
Lo bello y lo siniestro
Publicado por LasVocesIncompletas en 12:28 0 comentarios






