21.9.15

No lo haga

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No la abandone, será un error. Se fue. Evite controlar el miedo a perderlo todo. Evite considerar lo –que usted cree es - correcto. No se vaya a dormir, será totalmente infructuoso. Hoy, por momentos, la extrañará. Será un error. Aférrese a lo correcto, es lo único que le queda. Luche contra la rabia que lo invade. No trate de entenderla. No recuerde sus palabras, no tiene sentido. No todo fue mentira. No comparta el dolor, sea egoísta con sus dudas. Olvide su nombre, su estatura, sus demonios, sus errores, sus virtudes, sus mentiras, sus miedos y sus ojos. Olvídala toda, es posible. Viva. 

Jacko

3.9.15

Fronteras

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Sin palabras... pronto volveremos

8.8.15

Error

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Está mal lo que voy a hacer. Rechazar la importancia de la sonrisa. Cada día, despertamos y nos volvemos a convencer de que las reglas del mundo están bien. Escondemos las heridas, respiramos profundo, tomamos algo caliente, vemos nuestro reflejo y caminamos por la calle. Allí, todos somos iguales. Nos inundan, nos fuerzan, nos llevan con ellos y nos exigen sonreír.  Nos molesta. No comprendo cómo sobrevivimos a una vida en la que se busca, casi inmediatamente, clausurar el dolor. Cómo aceptamos un mundo en el que alguien más nos dice el tiempo que debe -así en imperativo, ¡debe!- durar la pena. Y sí, me refiero a esos procedimientos de injerencia en la tristeza, a aquellos modos disfrazados de bondad que nos obligan a encubrir los destrozos con una sonrisa. Entonces, un día te despiertas, miras el vapor de tu respiración en el aire, te mojas la cara, cubres tus ojos con tus manos y te vence la angustia, lloras. Ya no te parece que las reglas estén bien.

[Nunca quise obligarte a la sonrisa. Solo quería darte la mano, así es más fácil llevar el peso.]


Jacko


3.8.15

Adivíname

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A veces no sobrevivimos. Estoy en una oficina todo el día. Acá el clima es incomprensible: acá, quizá sea yo, no se comprende nada. Escucho a todos, siempre hay argumentos a favor y contra; creativos y aburridos. Tengo la alucinación de haberlo escuchado todo, estoy harto, desolado. No termino ningún libro que comienzo, busco un argumento que me libere. No lo encuentro. Que desperdicio esto de aniquilarse lento. ¡Basta! Por mi piel se restriega un recuerdo, lo desprendo, lo miro fijamente a los ojos, me permito la ira, el descontrol y lo envuelvo como un pequeño rollo y lo dejo en una vereda por la cual nadie marcha. No importa cuánto nos aferremos, al final no sobrevivimos. 

Adivíname / Jacko

15.7.15

Maldito

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No tardó mucho en reconocerse como un maldito. El final de la narración podría ser ese. Un final que no se detiene en la complementariedad de lo bueno y lo malo, que no lo expía de ninguna de sus palabras, que lo entrega –de alguna forma- consciente de sus acciones y que, sobre todo, le impide –tanto al lector como a él- sucumbir a la tentación alegórica de la memoria. Vamos sin misericordia.

Su maldición había logrado colarse disfrazada de fortuna. Después de todo, así es como nos llega al 90% de nosotros. Un día te levantas, te cambias, te vas, te crees próspero y ya no regresas con la felicidad encima. No importa el tiempo que pase o los recuerdos que cargues, todos los años vividos y los que están por venir se resumirán únicamente a esas 24 horas que lo perdiste todo. Pero a él tan temprano como le llegó la conciencia de su pesadumbre, también lo invadió una inteligencia limpia de vanidad. Lastimosamente, es bien conocido por todos que toda agudeza intelectual o sensible hunde más a su propietario en la recóndita esencia de una existencia injusta.


Solo ahora advierto, mientras repaso todas las palabras, que a pesar de su insistencia por la importancia de excederse en la distancia, se sentía solo. Y aunque logró con éxito evadir esa sensación por muchos años, entregándose a la compañía de una mujer a quien amó con toda la profundidad que pudo encontrar, no logró librarse de ella. Ahora al final se reconoce maldito.

3.7.15

Despertar

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No sabemos perdernos, vaya incapacidad. Vivimos obligados a los recuerdos. Entonces uno despierta un día, no se reconoce y trata de convencerse que sigue siendo el mismo. Sales, caminas y te despistas de aquella voz en tu cabeza que te grita que te vayas, que no eres de acá. Entonces sonríes, te frunces, te desesperas, respiras y saludas al primer conocido que encuentras. Y aunque el dolor te inunde te quedas allí, quieto con la mirada atenta y una expresión amigable escuchándolo. Finges que te interesa, abalas lo que dice, le dedicas un par de palabras, le das la razón y te vas.  No se trata de ignorar a los que te rodean, se trata de ignorarse a uno mismo. Y justo cuando empiezas a olvidarte de las ausencias, te asalta un recuerdo y regresas, te convences de que sigues existiendo, que todo va bien, que pudiese ser peor y caminas. Pero el segundo antes de cruzar la calle pasa un bus, de esos de los años 90, y quieres embarcarte y perderte. Quieres. Al final no te has ido, sigues, llegas y sigues.      


23.6.15

Magia: el precio de la buena suerte

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¿Y qué si me he desmoronado por partes? Unos gritan, otros lloran en silencio o se muerden la boca mientras tratan de respirar por su nariz congestionada, hay aquellos -que incluso- acuden a la flagelación minúscula, pequeños golpes, pellizcos o cortaduras, para tratarse de demostrar que siguen en esta realidad,  pero ninguno – y de aquello guardo una certeza absoluta- se enfrenta a esta situación en completa cordura.

A Verano y Krimea no se les enseñó la palabra confianza. La mañana anterior, Krimea había insistido, con una tenacidad increíble para una niña de 7 años, en la necesidad de una cerca alrededor de la casa. Nunca imaginé que unas horas más tarde me arrepentiría de no tomar en cuenta su sugerencia. Sé que nada hubiese cambiado, pero le hubiera otorgado tranquilidad por unas cuantas horas. Verano no tuvo tiempo para entender el miedo. Me aterroriza pensar que con dos años menos que su hermana, Verano entró en conciencia del mundo con los gritos desgarradores de esa noche.
Mis dos nietas son zeru-zeru, nacieron con su cuerpo muerto. Y aquí todos (políticos, policías, militares, religiosos, familiares, pobres, ricos, buenos y malos) saben que sus cuerpos son un poderoso talismán para la suerte e incluso para evitar la muerte.

Verano nunca pudo hablar luego de aquella noche, no se debe a un motivo físico. Simplemente no tiene nada que decirle al mundo. La veo allí, toda la mañana, en el umbral de la casa. Tiene sus ojos tristes y llenos de miedo. Yo también tengo miedo.  Bajo mi cama se encuentra lo que quedó del cuerpo de Krimea. Sé que si la entierro en otra parte, incluso si lo hago en mi patio, regresarán por sus huesos. 

Estoy aprendiendo a lidiar con el recuerdo. Eran cerca de 11 personas y entre todas ellas reconocí a mi hijo, tío de Krimea, y a dos vecinos. No pude ver lo que pasaba en la cama de las niñas, únicamente los vi entrar con machetes maltrechos y afilados. En los cuentos que hemos escuchado, se dice que las extremidades arrancadas del cuerpo de los zeru-zeru guardan su magia únicamente si el “negocio” -como también llaman a los zeru-zeru- permanece con vida. Por eso, luego de amputarlas lanzaron diésel al cuerpo de las niñas para cicatrizar sus heridas y así evitar su muerte. Verano vive sin sus dos piernas y con un solo brazo, pero la magia de Krimea se agotó esa misma noche.


Una extremidad de albino puede llegar a costar hasta USD 10.000, en un país que se muere de hambre y en el que los políticos utilizan pociones fabricadas con huesos, pelo y piel de albino para asegurarse la victoria.