Regresamos después de un tiempo considerable.
Tiempo de soledades profundas y decisiones complicadas. Volvemos –siempre volvemos-
diferentes, con nuevas ausencias y compañías.
Hoy, volvemos mutilados, sin respuestas, sin soluciones, pero listos para
afrontar esta nueva cara. Y por eso, para entender, estas distancias nada mejor
que “Análisis de la distancia”.
24.6.12
Análisis de la distancia
Publicado por LasVocesIncompletas en 20:21 0 comentarios30.4.12
Obsesión
Publicado por LasVocesIncompletas en 1:09 0 comentarios
22.4.12
Literatura E Infierno Entrevista A Fernando Vallejo
Publicado por LasVocesIncompletas en 12:01 0 comentarios
25.3.12
Inmóvil
Publicado por LasVocesIncompletas en 20:42 0 comentariosTu espalda es una línea que no termina.
La observo al cerrar los ojos,
como quien recuerda una palabra
susurrada con los labios pegados a la piel.
No te toco.
Hay una distancia mínima.
Una frontera.
Quémame la boca
y retrocede.
Que el silencio
nos ahogue.
Podría atravesarlo.
Una época en el infierno.
La distancia —
una respiración contenida—
No te nombro.
La necesidad.
Tu clavícula.
Inmóvil.
Pero estas letras —
esas traidoras—
saltan,
se queman.
Fuego.
Flores en la pared
Publicado por LasVocesIncompletas en 16:19 0 comentariosEl último mensaje debió ser: “solo que nunca se nos ha ocurrido vernos”
Publicado por LasVocesIncompletas en 10:32 0 comentariosSoy la resistencia a tu mirada. Encargado de rechazar el dominio de tus palabras, de esconder la urgencia de tu cuerpo cansado reposando sobre el mío. Soy esa resistencia que te toma, que nos toma por descuido y nos lleva a perdernos, a olvidarnos, a abandonarnos. Esa resistencia al vaho de tu aliento en medio de la noche fría.
Soy esa resistencia a recordarnos, a la decisión de ignorarnos. No es fuerza, no es urgencia: es un mecanismo de supervivencia. Soy esa ridícula obsesión por no ceder del todo, de no reconocer que no hay nada que sostener. Nos habíamos llevado a un abismo donde no debimos saltar.
Ya no tengo la angustia de verte, de tocarte. Soy la resistencia a ti, pero también a que tus palabras pierdan su peso y se vuelvan aire tibio, inútil. Tus labios, tus juegos, tus tiempos, tus engaños. Pero también tu presencia, tu ternura, tu inteligencia, tu libertad, tu sabor a olvido.
A veces creo que pudiste conocerme, que sabrías dónde enterrarme, pero sé que me equivoco. Soy un árbol mal dibujado en una pared que ya no existe.
No volveremos a hacernos. Lo sé. Seremos solo ausencia, olvido, sonrisas incompletas. Seremos como esos instantes que justifican la vida y luego no se recuerdan. Yo, quizá —por ser resistencia—, me rehusaré a dejarte en la nada y me condenaré a recordarte siempre. Tú más afortunada: puedes hacer conmigo lo que quieras.
No volveremos a ese patio, a esa luna, a ese frío. A seducirnos. Solo me tendrás como tu resistencia. Para que no desaparezcas del todo. Para seguir imaginándote “aunque sé que no debo”.
Adiós.



