Tu espalda es una línea que no termina.
La observo al cerrar los ojos,
como quien recuerda una palabra
susurrada con los labios pegados a la piel.
No te toco.
Hay una distancia mínima.
Una frontera.
Quémame la boca
y retrocede.
Que el silencio
nos ahogue.
Podría atravesarlo.
Una época en el infierno.
La distancia —
una respiración contenida—
No te nombro.
La necesidad.
Tu clavícula.
Inmóvil.
Pero estas letras —
esas traidoras—
saltan,
se queman.
Fuego.

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